73-DON JUAN DE BENAVIDES Y OSORIO
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
FEsto fue publicado el año 1999 en la Revista Desde Baeza, nº 45 y en Revista Gavellar, nº 264.
Esto fue publicado el año 1999 en la Revista Desde Baeza, nº 45 y en Revista Gavellar, nº 264.
Lo que traemos a colación es un breve resumen de lo que tan ampliamente escribiera Carla Ráhn Phillips en su libro "Seis Galeones para el Rey de España" publicado por Alianza Editorial en 1.986.
Se trata de cómo fue ajusticiado en Sevilla, por mandato del Rey don Felipe IV, un personaje ubetense Caballero de la Orden de Santiago y Capitán General de la flota española. Este noble caballero fue don Juan de Benavides y Osorio, hijo bastardo del ilustre baezano don Manuel de Benavides y Bazán, Iº Marqués de Jabalquinto, habido con su amante ubetense doña Francisca Galiano y Osorio. Ver "Historia de la Casa de Lara" Tomo II Pág. 420.
El motivo de aquel ajusticiamiento fue el siguiente:
En 1.628 Benavides salió de Nueva España para Sevilla al mando de una flota compuesta de dos galeones y once buques mercantes más otros dos galeones que se le unieran en Honduras; los cuatro galeones iban cargados con perlas, piedras preciosas, lingotes de oro y plata y monedas de los mismos metales perteneciente todo ello a la Corona y a particulares. La carga de los mercantes se componía también de materias colorantes, sedas, cueros y maderas. Pero antes de llegar a la Habana les salió al encuentro el almirante holandés Piet Heyn, con una flota compuesta de treinta y dos barcos que les bloquearon la ruta con la idea de atraparlos. Nuestro personaje, sin consultar con los otros capitanes que comandaban la flota, decidió refugiarse en la bahía de Matanzas, pero cuando se dirigía hacia ella, los barcos encallaron y quedaron estos a merced del enemigo; el cual les prendió fuego tras haber cogido un botín valorado en doce millones de florines.
Cuando el rey tuvo conocimiento de este descalabro mandó que se formase a don Juan de Benavides expediente disciplinario. El informe que se hizo constaba de noventa páginas. Y aconsejaba que don Juan fuera severamente castigado. Lo primero que sufrió fueron cuatro años de condena incomunicada en el castillo de Carmona y en 1.633, el rey, después de revisar el caso y escuchar las protestas de los nobles, firmó su sentencia de muerte. La sentencia fue comunicada con rapidez y sigilo al tribunal de Sevilla con el objeto de que los nobles no se enteraran y se pudieran manifestar en su contra: don Juan fue llevado a la prisión de Sevilla y a los dos días trasladado a la puerta del Tribunal Real de Justicia de aquella ciudad, montado en una mula y vestido con un largo sayal negro, pues se le prohibió vestir el hábito de Santiago y ostentar cualquier otro emblema de su rango o posición social. Allí escuchó la lectura de su sentencia que decía así:
"Esta es la justicia que el Rey Nuestro Señor y sus Reales Consejos mandan hacer a este hombre por el descuido que tuvo en la pérdida de la flota de Nueva España, que tomó el enemigo el pasado año de 1.628. Quien tal hizo, que tal pague".
Seguidamente fue llevado en procesión a la plaza de San Francisco donde desmontó para subir al cadalso acompañado de unos frailes franciscanos, el alguacil y un notario. Una vez allí se arrodilló y fue confesado. "Entonces el condenado se alzó y se sentó en una silla que había en el centro, apretó con la mano derecha la cruz de Santiago que llevaba al cuello e indicó al verdugo que efectuara su tarea. Se le ataron los pies, los brazos y el torso a la silla y se le vendaron los ojos. Luego, con un cuchillo afilado, el verdugo le hizo tres cortes en la garganta en rápida sucesión y por delante, como exigía el alto rango del condenado, y no por detrás, como era costumbre con los reos comunes. La muerte llegó pronto. El pregonero oficial repitió la proclama que había leído en la puerta de la Real Audiencia y a continuación el cuerpo de Benavides fue desatado, situado a un ludo del cadalso y cubierto con un paño negro".
Una vez muerto fue reclamado por los nobles y enterrado con la dignidad debida a su nacimiento y rango. Don Álvaro de Colón, Duque de Veragua y Almirante de las Indias, corrió con todos los gastos con ejemplar liberalidad. Mandó poner junto al cadáver grandes antorchas, y las campanas de la iglesia de San Francisco y su convento no dejaron de tocar solemnemente hasta el momento del entierro. A las cuatro de la tarde comenzaron los oficios fúnebres a. los que asistieron el Duque y todos los nobles de Sevilla, los cuales se reunieron en San Francisco; allí doscientos cincuenta frailes salieron en procesión hacia el cadalso seguidos del clero y la nobleza que a su vez iba escoltada por más de cien pajes que portaban grandes velas. Varios caballeros de Santiago pusieron al difunto el hábito de dicha Orden y lo llevaron a San Francisco donde se celebró una misa cantada por la comunidad. A continuación se le sepultó en un nicho donado por el Marqués de Ayamonte y su esposa en la capilla principal de aquella iglesia.
Aquí damos por concluida la, dramática historia que le tocó vivir al que suponemos casi desconocido hijo del, Iº Marqués de Jabalquinto, el cual, pagó con su vida la pérdida de aquella valiosa flota que le fue encomendada.
Juan Gabriel Barranco Delgado
Úbeda, Reino de Jaén a 7 de noviembre del año 2019
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones


Comentarios
Publicar un comentario