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51-RECORDANDO NUESTRO COMERCIO E INDUSTRIA (y 3ª parte)

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  La industria del esparto estuvo representada en el barrio en cuatro facetas: frente a los carmelitas, Nicolás Martínez, fabricaba estropajos; en el Palacio del Obispo Canastero, Lucas Román Almendros y su socio Pedro Sánchez fueron los sucesores de una fábrica de estropajos y cuerdas, fundada por don Lázaro del Moral. Luego estos mismos socios cambiaron la fabricación de cuerdas a lo bajo de la calle; a la mitad de la misma estaba el almacén de esparto de Félix Arce Alises, material que era entregado a las mujeres para que en sus casas confeccionaran capachos para el prensado del aceite en las almazaras; y en la calle Cervantes estaba el gran taller de artesanía de Pedro Latorre «Pericohuevos», en donde se confeccionaban las famosas alfombras “ubedíes”. Y es que cuando yo era pequeño casi todos los talleres de artesanos trabajaban a la vista del público, lo cual era un aliciente para los chiquillos, porque viendo cómo trabajaban los diferentes artífices, se despertaba en la perso...

51-RECORDANDO NUESTRO COMERCIO E INDUSTRIA (2ª parte)

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Otro tipo de negocio eran las barberías, y de ellas encontrábamos la de Baltasar, que tenía su portal frente a los frailes; en el Paseo del Mercado, la de Nicolás Ortega, con sus balcones siempre rebosantes de macetas y flores; otra barbería era la de mi «maestro» José María Serrano Balboa, situado en la Rúa, y que actualmente la regenta su sobrino Francisco Moreno Serrano; y en la calle de la Cárcel la de Gabriel Copado. También hubo otra en el paseo de Francisco Campos «Perinolo». A estos negocios los chiquillos solíamos ir siempre a regañadientes, pues solía haber muchos hombres que subían de los cortijos con bastante barba y que hablaban airadamente, es por ello que los chavales preferíamos pasar el rato de espera jugando en la calle. Por ese motivo vean lo que le sucedió a un amigo: resulta que fue un día, y cansado de esperar se marchó. Esta acción la repitió varios días seguidos, hasta que un día fue entrar, el maestro le pasó la maquinilla desde la frente al cogote y entonces l...

51-RECORDANDO NUESTRO COMERCIO E INDUSTRIA (1ª parte)

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Esto fue publicado en 1995 en la Revista de la A. V. Santa María, nº 6. Y en 1996 en la Revista Gavellar, nº 234. En un trabajo futuro trataré del pasado esplendoroso de la parroquia de Santo Tomás Canturiense, en este voy a extenderme a la de San Pablo, para recordar el comercio y la industria que en estas dos parroquias he conocido en estos últimos cincuenta años. Empezaré por las tiendas de comestibles, que son los establecimientos que más visitamos desde bien pequeños , bien sea acompañando a la madre, o yendo a por algún «mandao» que ella necesitara o a gastarnos la «perrilla» o «perragorda» que rara vez pillábamos, en las escasas golosinas que por entonces había. De estos establecimientos recuerdo los de Antonio Navidad Gómez «El Gafas» y Emilia Vallecillo Olmedilla «la Sombrerera» en la Cuesta de la Merced; el de Margarita Barranco Delgado, mi hermana, en la Cuesta del Rosal; la de Misericordia en la calle del Carmen; la de Manuel Correro en la calle San Juan de la Cruz; en la c...

17-MIS RECUERDOS DE SAN MILLÁN (y 3ª parte)

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  En bastantes casas sacaban a la puerta una mesa y en ella ponían tarros, orzas o lebrillos, tapadas con un mantel, en donde tenían alcaciles cocidos, ponche, cuerva o limonada. Bebidas estas con la que se refrescaban los vecinos e invitaban a sus visitantes. También ponían habas verdes y ochios, hechos en la panadería de Paquita Bellón, que estaba en el rincón de la plaza, y que vendía su hijo Mateo en su tienda de comestibles, sita en la misma plaza esquina a la calle Valencia. Éste establecimiento tenía encima de su puerta un azulejo de las hermanas alfareras Santa Justa y Rufina, patronas del gremio. Para los que no tenían familiares que les invitaran, podían matar el gusanillo del hambre comprando algo en los establecimientos del barrio, que en aquellas fechas eran los siguientes: En lo bajo de la Cuesta de la Merced estaba la tienda de comestibles de Antonio Gómez Navidad “el Gafas”. En la Plaza de los Olleros, número 8, había una taberna regentada por Juanico “el del Helado...

14 -LA PLAZA DE LOS OLLEROS (y II)

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Como ya expliqué en la anterior entrada, esa zona más bien era un sin vivir, pues las mujeres maldecían a tanto animal que ensuciaba la calle con sus excrementos y orines. También los alfareros protestaban porque, como a lo largo de su acera exponían sus artículos, corrían el peligro de que los animales o los niños les rompieran alguna pieza. Todo ello empezó a declinar cuando apareció el menaje de porcelana San Ignacio, los cubos y barreños galvanizados, los platos y vasos de Duralex, etc. Esta industria de la arcilla calló en picado y los artesanos tuvieron que cerrar sus talleres y dedicarse a otros menesteres u oficios. Por otro lado, también los vecinos empezaron a emigrar a cientos, por lo que las casas dejaron de ser un hormiguero de personas. Igualmente, las bestias de carga, así como los rebaños de cabras y ovejas, desaparecieron de las casas y ello fue lo que transformó a esta calle y plaza en el oasis de paz y tranquilidad que ahora conocemos. Plaza de los Olleros en estado...

13-LA TIENDA DE SIMÓN LÓPEZ

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En el número 3.223 del diario ubetense La Provincia correspondiente al día 20 de julio de 1932, viene un curioso anuncio que dice así: “En la ferretería de la Rua, calle Doña María de Molina, nº 2, se liquidan todas las existencias de ferretería en general a precio de factura con un diez por ciento de descuento, con el fin de trabajar esta casa sólo los artículos de coloniales finos. Además se vende en esta casa una báscula de almacén, un mostrador de cinco metros y dos juegos de puertas de cristales en muy buenas condiciones”. Confieso que yo he conocido tiendas en las que había los más diversos artículos, pero mezclar los comestibles con la ferretería eso no lo había visto nunca. Por ese motivo me surgió la curiosidad de averiguar si ese edificio era el mismo en donde yo conocí desde jovencito la tienda de comestibles de Simón López Hidalgo. Y para no quedarme con la incógnita me puse en contacto con su hijo Simón López Cañadas y este me confirmó que sí, que esa tienda del anuncio ...