74-TRUCOS DE LOS TENDEROS Y SUS CLIENTES (2ª parte)
Otro lugar en donde estaban muy vigilados los vendedores era la plaza de abastos. Allá era tanta la pillería, que la autoridad tenía abierta una oficina llamada REPESO, en la que además de alquilar balanzas a los vendedores, también se podía ir a comprobar si la cantidad de lo que se había comprado correspondía con lo que se llevaba. Los guardias también solían llevar a dicha oficina a personas escogidas al azar para comprobar si habían sido timadas en sus compras. De confirmarse la estafa, el vendedor era sancionado.
Para vigilar las pesas y medidas había una fiscalía cuyos agentes, de vez en cuando, pasaban por los establecimientos para contrastar los diversos tipos de medidas. Pero ocurría que por lo general los establecimientos tenían dos juegos de pesas o medidas y cuando se corría la voz de que los inspectores estaban en la ciudad sacaban las buenas y todo seguía igual, salvo que hubiera denuncia de por medio.
Con el paso del tiempo se fabricaron las balanzas modernas que no llevaban pesas y tenían un solo plato y como no se podían trucar, los tenderos con el pretexto de que no se estropeara el niquelado del plato le ponían un papel de traza que lo cubría y debajo del papel le colocaban unos granos de sal o arroz para que la báscula estuviera adelantada unos diez gramos, así si alguien protestaba el tendero se justificaba con decir que se habían caído al pesarle de ese producto al cliente anterior.
Los fraudes en las tiendas de comestibles no acaban con lo dicho, pues los había de varios tipos: uno de ellos era poner debajo del depósito del aceite un brasero, así a la vez que evitaba que se congelara en el invierno, servía para que aumentara el volumen de este líquido. Los tenderos también fueron víctimas de engaño con ese producto, pues como el aceite flota en el agua, los porteadores solían quitar algo de aceite y suplirlo con agua.
El bacalao era otro producto que se prestaba a engaño, pues se solía mojar para que pesara más. Algunos tenderos más osados ,para aumentar las ganancias, mezclaban sal con el azúcar.
Otro pecadillo de los comerciantes que aún perdura es, el empleo de papeles grandes, gruesos y pesados para envolver los productos caros, (jamón, solomillo, especias, etc.)
Los vendedores de conejos tenían otro truco, pues para que pesaran más los animales, un día antes de la venta les ponían vinagre en el agua y como ese producto les daba sed pues bebían más y más hasta llenar su vejiga.
Otro fraude que aún perdura es el no poner los precios a los artículos, de ese modo piden al cliente según calculen que es de adinerado o inocente.
Pero el mayor fraude propiciado por el Estado, que se ha dado en estos últimos años a nivel de todo tipo de establecimientos, ha sido el de la moneda €uro. Pues como el cambio de una moneda a otra daba una cifra menor, ejemplo 100 pesetas es igual a 60 céntimos de €uro, la gente no se asustaba porque parece menos, otra cosa hubiese sido al revés entonces sí habría habido alarma porque habría parecido que subía. Y aprovechándose de ese cambio y desconcierto a los comerciantes también le parecía poco lo que recibían por sus productos, por lo que optaron en subir lo de cien pesetas a un euro encareciendo de ese modo los productos en un 65 % más. No digamos nada de las barrabasadas que los comerciantes aprovechados han realizado con las personas mayores y no muy espabiladas que les ponían las monedas en la mano para que ellos cogieran lo que valía la compra.
Y ya acabo con este tema, pero no porque no haya más tipos de timos o robos si no para que el lector no coja una depresión al verse rodeado por tanto pillo.
Juan Gabriel Barranco Delgado
Úbeda, Reino de Jaén a 9 de noviembre del año 2019.



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