Aunque Juan Ramón Martínez Elvira en su reciente y magnífico libro titulado “Viejas calles de Úbeda, parroquia de San Isidoro” habla extensamente de la historia antigua de la Plaza de Toledo, conocida también por Plaza Vieja, también yo contaré todo cuanto recuerde, haya oído, o encontrado en el archivo municipal o en los periódicos y revistas a mi alcance sobre la misma. Y es que en nuestra plaza, como en la de cualquier otra ciudad que haya sido el centro del comercio, han ocurrido multitud de aconteceres, como la celebración de corridas de toros, proyección de cine, celebración de la feria, lugar de contratación de bestias de carga, carrillos de mano, carros, camionetas y taxis.
También era lugar de contratación de obreros, y mercado al menor de hortalizas, carnes y pescados, como lugar donde gran cantidad de mujeres iban con cantaros, cubos, garrafas y barreños a la fuente por el agua potable para el consumo de su casas, y también para el lavado de la ropa, si es que no tenían pozo en su domicilio. Igualmente era donde las amas de casa y los comerciantes acudían a que les afilasen sus herramientas los afiladores allí situados.
También se situaban en el mismo lugar los limpiabotas y los carrillos de las chucherías y novelas. Además había todo tipo de comercios, farmacias, droguería, alpargaterías, esparterías, mercerías, tiendas de comestibles, confiterías, cafés-bares, dos quioscos y algún vendedor ambulante. También estaban los mesones para los viajeros y representantes del comercio. Además era lugar en donde se situaban los pregoneros para publicar los bandos, municipales, judiciales y del comercio. También era en esta plaza donde actuaban los cantantes ciegos que vendían los pliegos de cordel. Igualmente era y es lugar de encuentro de amigos y lugar donde los niños acudíamos a gastarnos los escasos céntimos que nos daban en alguna de las pocas cosas que los carrillos vendían.
Otro aliciente es que por allí pasan todas las procesiones, cabalgatas y pasacalles que se celebran en la ciudad. Por eso es que por mucho que diga de este espacio público sin duda alguna me quedaré corto, pero bueno, algo es algo.
Para hablar de todo este entramado de cosas lo haré empezando por la plaza en sí, luego seguiré por la calle Don Juan y siguiendo los portalillos de la acera norte, llegaré a la calle Mesones, desde allí bajaré por los soportales de la acera de poniente, cruzaré la calle Gradas y la del Rastro y desde allí giraré hacia la torre del reloj, atravesaré la entrada de la plaza del doctor Quesada y terminaré en los soportales de la Corredera.
En primer lugar diré que esta concurrida plaza que ahora vemos tan mona, era la más anárquica de la población, pues ni es redonda, ni cuadrada, pero sí en cierto modo triangular, cuyas casas como veremos por las fotografías eran de diferente altura y estilo. Además, en tres de sus ángulos los edificios sobresalían más de la cuenta hasta que los anularon y quedaron como ahora los vemos.
Para una mejor explicación a continuación pongo las fotografías:
En la 1ª, se ve la esquina de la calle Don Juan que no está en línea con la casa de la esquina a la calle
Trinidad en la foto 2ª, ya se ve subsanada esa deficiencia.
En la foto 3ª, se ve cómo la casa de la esquina a calle Mesones sobresale y tiene dos altura diferentes.
En las fotos 4ª y 5ª, se ve que la esquina de la calle Rastro también sobresalía de la línea del acerado.
Y en la foto 6ª, ya se ve renovada. Y con esto acabo hoy, el domingo pondré más sobre esta plaza.
Juan Gabriel Barranco Delgado
Úbeda, Reino de Jaén a 21 de noviembre del año 2019
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