76-LA PLAZA VIEJA (3ª parte)

 Siguiendo con las noticias sobre la Plaza Vieja hoy hablaré de algunas cosas que hubo y que desaparecieron, también hablaré de lo que yo vi y viví.

El Ayuntamiento en sesión del 14 de julio de 1922, acordó conceder a la compañía de teléfonos para instalar en un lado de la plaza una torre para la distribución de las líneas de teléfonos a la que el pueblo llamó la Torre Eiffel, pero se ve que aquello no favorecía a la plaza y la quitaron al poco tiempo. (Foto 1)





Pocos años más tarde en 1929 el Concejo instaló en este lugar un curioso farol de forja confeccionado en la fundición San José de José Mañosa Oller. Esta artística columna se halla actualmente instalada en la calle Cruz de Hierro. Detrás del público se puede ver la terraza-techada del Café-Bar la Mezquita, cuyo letrero tiene pintado en la parte superior de la fachada. (Foto 2)







Una cosa que hubo durante muchos años fue el original quiosco octagonal de prensa regentado por Pedro Latorre Gómez, apodado “Pericohuevos”, luego, a su jubilación le siguió su hijo.
Referente a este quiosco tengo que decir que, yo pasé mi infancia en un cortijo de Villacarrillo hasta los diez años y al venirnos a Úbeda me encontré sin un amigo, por lo que cogí mi ahorrillos, me fui a este quiosco y después de estar mirando sus vitrinas me decidí por comprar un pulgarcito de Roberto Alcázar y Pedrín. Aquel era el primero que tenía en mi vida y me vi negro para leerlo porque yo no había ido en todo ese tiempo a la escuela y lo poquillo que sabía me lo enseñaron el pastor y un mulero que había en aquella finca, pues mis padres eran analfabetos. Lo malo fue que cuando fui a pagar el comic, el quiosquero me dijo que valía una peseta y veinticinco céntimos, yo me quedé pensativo porque no sabía qué cantidad era esa, pues yo sólo sabía contar por reales y perragordas y el hombre al verme en esa tesitura me dijo que cinco reales y ya respiré. (Foto 3)




Además de este quiosco había el otro extremo de la plaza otro más pequeño de forma cuadrada que era de un relojero, a mí me gustaba pararme allí a ver cómo el hombre trasteaba los relojes, y es que siempre me has gustado ver trabajar a cualquier artesano.
Había también un vendedor de quincalla ambulante que vivía en el alcázar con un gran bigote o mostacho llamado Alejandro Talavera. Éste vendía agujas de muchos tipos, esparteras, colchoneras, de lengua de vaca, etc. todas ellas las llevaba pinchadas en un corcho, igualmente llevaba mechas de yesca para los chisques, piedras para los encendedores, gasolina para recargarlos y más cosas que no recuerdo. El hombre boceaba: ¡¡Piedras largas para los mecheros, agujas pellizqueras!! Para que se hagan una idea adjunto foto de un quincallero de Málaga.





Al lado de este kiosco estaban los urinarios y retretes donde había un hombre cojo que cuidaba de ellos. Orinar no costaba nada, pero retratarse sí.
También había una fuente con un caño dorado en cada una de las tres caras de su pedestal y a su lado un árbol que daba una gran sombra, unos decían que era un castaño, pero yo creo que era un platanero como los que hay en el Arroyo de Santa María, allí íbamos los niños a beber pero si se estaba llenando un cántaro no nos dejaban hasta que se llenaba por aquello de las babas o mocos, si era un cubo para fregar a veces sí, y es que a algunos chiquillos como no tenían ni pañuelo les colgaban dos velas que no veas. Adjunto un bellísimo romancillo sobre la pérdida de esta añorada fuente compuesto por mi amigo el poeta Luis Piñar Moreno. (Foto 4)




La plaza también era lugar de contratación de obreros, es por ello que se veían bastantes corros de ellos esperando a que alguien fuera a contratarlos, bien para el campo o para las obras o simplemente para descargar un camión, etc. Algunos tenían suerte y se los llevaban, pero los que no, se les ponía una cara que no veas, quizás pensando en la que le iba a poner la mujer cuando le dijera que no le había salido trabajo y nada traía. Y es que si no tenían dinero y no le fiaban en la tienda, a ver cómo conseguía lo imprescindible para que los niños no se acostaran sin cenar, pues ellos tenían más aguante.
Y ya con este triste recuerdo lo dejo por hoy, el domingo seguiré con más cosas sobre esta plaza.



Juan Gabriel Barranco Delgado
Úbeda, Reino de Jaén a 26 de noviembre del año 2019.

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