72-LA MESA CAMILLA Y EL BRASERO (2ª parte)



 Este útil casero podía ser de bronce, latón, cobre o chapa y podía estar alimentado por candela u orujo, conocido en otros lugares por picón. El de candela se pasaba muy pronto, el de orujo era más duradero.

El brasero se encendía por la mañana y según el producto duraba hasta la noche, también dependía de las veces que se le hiciera la “firma”. La firma se le decía a cuando se mandaba a alguien de los presentes a que removiera las cenizas con un movimiento ligero y superficial para que durara otro rato. Llegado a este momento me viene un chiste de Jaimito, que es mejor que no lo cuente. Pero la movida bien hecha es la que se hacía remetiendo las cenizas desde el filo hacia adentro, así salía a flote el orujo encendido pero tenía el inconveniente que al dar tanta calor había que retirarse para atrás, lo cual ocasionaba las protestas de las mujeres, pues los hombres al llevar pantalones no padecían de su fuerte radiación.
Las mujeres que por su profesión tenían que estar todo el día o toda la tarde espatarradas ante él, como es el caso de las modistas, tenían el inconveniente de que el calor les producía en las piernas y muslos lo que vulgarmente se le dice “cabrillas”, y como eso afeaba el físico pues para evitarlas se ponían unos cartones atados a estilo de polainas como protector. A grandes males, grandes remedios, je, je, je.
El brasero además del peligro de “atufarse” tenía otro peligro y es que si se le revolvía carbonilla cuando menos lo esperaban saltaba una chispa, que si no se estaba al cuidado, podía quemar la ropa, las piernas u otras partes bajas.

Veamos una pícara cancioncilla del carnaval de antes de la guerra civil que hace referencia a uno de estos accidentes:

Una niña muy bonita
Al brasero se acercó
Le ha saltado una chispita
Medio chifle le quemó.
La niña llora que llora
Con medio chifle “quemao”
El que se case con ella
Chiflará de medio “lao”.
A continuación expongo una poesía dedicada al brasero cuyo autor es Ricardo Taboada Stenger, la cual fue publicada en el periódico ubetense La Opinión, nº 1.217, perteneciente a día 11 de diciembre del año 1912.
HIMNO AL BRASERO
Tenemos ya cerca las noches de enero,
Delicia y encanto nos brinda el hogar;
En estos instantes me inspira el brasero
Y un himno amoroso le voy a cantar.
Bien sé que los ricos tus fueros acortan
Y ya te desprecian por cursi y ramplón,
Chubesquis y estufas sus nidos confortan
Haciendo elegante la calefacción.
Como eres modesto, el grande te humilla
Y siempre te muestras amable y cortés;
Te ocultas entre falda redonda camilla
Y a aquél que te adora le besas los pies.
Te “firman” y guardan la niña que cose
Y sueña lisonjas del fiel trovador,
La vieja que gruñe y el viejo que tose
Pasando veladas a tu alrededor.
El gato mimoso te quiere y te busca;
De ti separado no puede vivir,
A veces tu fuego su rabo chamusca
Por tanto acercarse y tanto dormir.
Complemento tuyo son: el corderillo
Que bajo tus plantas postrado se ve,
El reloj cuadrado, el hule sin brillo,
Y la luz opaca de antiguo quinqué.
Mas ya apenas luce un ascua rojiza
Y los que en cuidarte pusieron su afán,
Mirando que sólo te resta ceniza
De ti se separan y al lecho se van.
Así al pobre viejo que el lecho ha perdido
En luchas sociales y lides de amor
Le dejan en triste rincón del olvido
Los que antes vivían a su alrededor.
La persona interesada en este tema, puede ver el trabajo que sobre este popular utensilio de la casa, escribió el conocido poeta Pedro González Navarrete en la entrañable Revista Ibiut, nº 35 página 20.
Adjunto un dibujo de Antonio Espadas y varias fotografías relacionadas con los braseros sacadas de Internet.










Juan Gabriel Barranco Delgado
Úbeda, Reino de Jaén a 24 de octubre del año 2019.

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